Conocimos con la Segunda Guerra mundial el concepto de “exterminio”, sobre todo, por la forma sistemática de como el régimen nazi trató de resolver el problema “judío”, asesinándolos en masa.
Los nazis construyeron gigantescos campos de concentración donde, mayoritariamente gente identificada como “judía” eran privados de sus bienes, de su libertad y finalmente de su vida. Fusilados, muertos de hambre, a golpes, intoxicados con diversos gases, muertos en experimentos de falsa ciencia, incinerados, las más horrendas formas que se piensen para quitar la vida a un ser humano: los nazis las pusieron en práctica.
Aunque todo ello se dió dentro de la más violenta guerra mundial hasta hoy realizada, lo que se hizo en esos campos de concentración a los judíos hoy se le conoce como “Holocausto” y sigue espantando a l a humanidad entera, porque no tiene manera de compararse con otros eventos genocidas.
Desde antes de la Segunda Guerra Mundial y particularmente a partir de ella, el desarrollo de un capitalismo rampante creó una terrible sociedad consumista y egoísta, cuyo estado de felicidad y bienestar se mide en la acumulación de cosas innecesarias pero además: en el consumo de modernas drogas que alteran sus estados mentales haciéndoles creer que son “felices”.
Así, el consumo de “drogas psicotrópicas” está unido al desarrollo del capitalismo porque crea un gran mercado negro cuyas ilegales ganancias nutren al mercado “legal”.
La existencia del narcotráfico solo es entendible con la corrupción del mismo Estado y su aparato de seguridad; donde hombres de carne y hueso, obviamente capitalistas, cruzan las líneas entre lo legal y lo ilegal y terminan por amasar cuantiosas fortunas sin importar los graves daños que sus actos provocan.
Así, la muerte por paro cardiorespiratorio es la consecuencia de la sobredosis de los opiáceos; pero hay otras muertes en su tráfico ilegal: narcos contra policías; narcos contra narcos, policías contra policías y a últimas fechas los enfrentamientos con el ejército y la marina.
Todas esa muertes son lamentables y hieren profundamente los sentimientos de las familias que con justa razón le exigen al gobierno que haga algo urgente y de resultados eficientes: ¿Matamos a todos los narcos? ¿A todos los narcopolíticos? ¿A los jóvenes que por ansiedad o falta de oportunidades y mal educados consumen drogas? ¿Metemos a la cárcel a los papás que irresponsablemente descuidaron a sus hijas e hijos? Las preguntas son tantas que a cada una se le pueden dar mil respuestas y entonces cae uno en cuenta que estamos frente a un grave y delicado problema. No hay solución única y menos fácil.
La natural y agreste frontera de México con Estados Unidos nos ha convertido en la antesala a su gran mercado de drogadictos, de tal suerte que somos paso obligado para todo tipo de narcotraficante y si a ello le agregamos, que narcotraficantes mexicanos lograron desplazar a los sudamericanos, entonces se entenderá la feroz guerra de narcos que hay en México, no por vender su mercancía en México, sino en los EEUU.
En esa guerra del narco no hay ninguna idea de “exterminio” contra algún grupo poblacional en particular; los crímenes y asesinatos que se provocan de manera terrorífica, es para ganar el mercado de las drogas y no para acabar con los consumidores.
Sin embargo, los “medios” magnifican las lamentables muertes de gente en medio de la guerra narco y terminan por llamarla: ¡Exterminio! ¿Por qué? ¿Realmente les interesa dar a conocer el hecho noticioso y contribuir a que se sepa la verdad del mismo y se juzgue con toda la dureza de la ley a los culpables o juegan a la política y en sus mentiras cobran la ganancia?
No existe ninguna comparación entre el exterminio nazi contra los judíos y los terribles asesinatos de gente inocente en medio de la guerra narco.
Buena parte de mexicanos y mexicanas saben que los viejos “medios” crecieron en la ola de corrupción de los gobiernos anteriores. Las prebendas, el chayote y concesiones a la televisión, radio y prensa escrita creó una “prensa” sumisa y adicta al poder neoliberal; una vez que dicho poder fue derrotado en las urnas, se volvieron los más feroces adversarios y abandonando la poca ética periodística que los caracterizaba hoy muestran su miseria de simples mercaderes de la “noticia”.
Confundir el exterminio de judíos por los nazis con los asesinatos masivos de los narcos ofende la memoria de millones de judíos asesinados en los campos de concentración y frivoliza el crimen del narco, confundiendo la gravedad de un evento con el otro.
Por encima de la guerra híbrida que impulsa el conservadurismo en México y sus medios desarrollando sus “fake news”, está el fortalecimiento del aparato de seguridad, donde policías, ejército y marina deben de actuar de manera coordinada en el desmantelamiento de las redes de narcotráfico; pero donde las Políticas Públicas del Estado inciden en las causas originales del mercado de las drogas y por supuesto del actuar del Poder Judicial y las fiscalías para que ningún acto criminal quede impune y ese es el reto para evitar tantas matanzas de la guerra narco.
IPCN


Deja un comentario