Trump: pirata

Los grandes mercaderes árabes y colonizadores de la vieja España dejaron su influencia en las grandes obras arquitectónicas, en la lengua y por supuesto en la venta de las mercaderías, no se llevaban nada mal con los judíos de tal suerte que entre ambos pueblos el comercio fluía hacia ellos. Pero variadas mercancías se producían en la península y provocaban el deterioro de mercaderes locales, por lo que muy pronto aprendieron a cobrar un impuesto a las foráneas.

La palabra «arancel» tiene su origen en el árabe hispánico “azzánzál”, que a su vez proviene del árabe clásico «inzāl» (إنزال), que significa «descenso» o «bajada». Este término se refería originalmente a las tarifas o impuestos que se aplicaban a las mercancías que se «bajaban» o descargaban en los puertos.

Con el tiempo, la palabra evolucionó en el castellano medieval como «arancel», manteniendo su significado relacionado con los impuestos o tasas aplicados a los bienes que se importaban o exportaban. Hoy en día, un arancel es un tributo o impuesto que se aplica a los productos que cruzan las fronteras de un país, como parte de la política comercial.

Por su parte en la Antigua Roma, los aranceles o impuestos sobre las mercancías que se importaban o exportaban se conocían como «portoria» (singular: «portorium»). Estos impuestos se aplicaban en los puertos, fronteras y puntos de entrada y salida de las mercancías, y eran una fuente importante de ingresos para el Estado romano.

El término «portorium» proviene de la palabra latina «portus», que significa «puerto», ya que estos impuestos se cobraban principalmente en los puertos marítimos y fluviales, aunque también se extendían a las fronteras terrestres. Los «portoria» eran administrados por funcionarios públicos llamados «publicani», que a menudo arrendaban el derecho a cobrar estos impuestos.

En el trasiego de mercancías,  destacan los piratas, que históricamente, no cobraban aranceles en el sentido formal de la palabra, ya que los aranceles son impuestos oficiales establecidos por un Estado o autoridad legítima. En cambio, los piratas actuaban fuera de la ley y su principal motivación era el beneficio personal a través del saqueo y la extorsión. Sin embargo, en algunas ocasiones, los piratas podían exigir «rescates» o «peajes» a cambio de permitir el paso seguro de barcos mercantes.

En el caso de los rescates los piratas capturaban barcos y exigían un pago para liberar tanto la embarcación como a su tripulación y carga. Este pago no era un arancel oficial, sino una extorsión.

En los peajes informales y sobre todo en algunas regiones controladas por piratas, como ciertas zonas del Caribe o el Mediterráneo, los piratas podían exigir pagos a los barcos que pasaban por sus áreas de influencia, a cambio de no atacarlos. Esto funcionaba como una especie de «impuesto informal», pero sin el respaldo de una autoridad legítima.

Sin embargo Sir Francis Drake, famoso corsario Inglés actuaba con “patente de corso” que le firmó la Reyna Isabel I de Inglaterra para atacar a los barcos españoles y así socavar la economía de su rival

Otro caso famoso es el de los piratas berberiscos en el Mediterráneo, quienes a menudo exigían pagos a cambio de no atacar barcos mercantes.

Debilitar, robar o piratear barcos en los siglos XVII, XVIII y entrado el XIX, fue una manera de afectar a naciones rivales, de tal suerte que en 1856, se firmó el Tratado de París donde se declaró ilegal la práctica de emitir patentes de Corso y obviamente proscribir la piratería, Tratado que los EEUU nunca firmaron reservándose el derecho de emitir sus patentes de Corso y atacar barcos que según ellos, representaban un peligro para su seguridad nacional; un corsario famoso gringo lo fue Jean Lafitte.

La imposición unilateral de aranceles por parte de Trump, existiendo un tratado de Libre Comercio con México, es impuesta con patente de corso y con bandera de pirata, no obedece a ninguna idea moderna de economías integradas en un mundo globalizado, sino a una visión del mundo profundamente capitalista donde el pez grande se come al chico; donde los cañones y bombas atómicas, como amenaza, constriñen las puertas de un mercado que debiera regularse por la calidad y la oferta y la demanda.

Hoy, toda la UE, los BRICS y la misma Inglaterra que impusieron en siglos pasados sus patentes de corso y alimentaron el saqueo de los piratas, ven con estupor, como un moderno pirata les cobra peaje y aranceles para que sus mercancías entren a EEUU…

Los aranceles de Trump es pura y llana piratería contra todo el mundo.

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