La Soberanía de México frente a las Bravuconadas de Donald Trump

La soberanía nacional es un principio fundamental que define la independencia y autodeterminación de un país. En el caso de México, este concepto ha sido puesto a prueba en diversas ocasiones, especialmente durante la primera presidencia de Donald Trump en Estados Unidos (2017-2021) y actualmente (2025-2029), cuyo estilo confrontativo y retórica agresiva generan tensiones significativas en la relación bilateral. Sin embargo, México está demostrando que su soberanía no es negociable y que, a pesar de las presiones, es capaz de defender sus intereses nacionales con firmeza y dignidad. Para comprender plenamente la importancia de este principio, es necesario explorar su origen y desarrollo histórico.

Origen y Desarrollo del Concepto de Soberanía

El concepto de soberanía tiene sus raíces en la obra del filósofo y jurista francés Jean Bodin, quien en su libro Los Seis Libros de la República (1576) lo definió por primera vez como «el poder absoluto y perpetuo de una república». Bodin escribió en un contexto de guerras religiosas en Europa, donde la autoridad central de los monarcas estaba en disputa. Para él, la soberanía era indivisible e inalienable, y residía en el monarca, quien debía tener el poder último para tomar decisiones sin interferencia externa.

Posteriormente, el concepto evolucionó con el pensamiento de Thomas Hobbes, John Locke y Jean-Jacques Rousseau. Hobbes, en Leviatán (1651), argumentó que la soberanía era necesaria para evitar el caos y garantizar el orden social, aunque su visión era más autoritaria. Locke, por su parte, en Dos Tratados sobre el Gobierno Civil (1689), introdujo la idea de que la soberanía reside en el pueblo y que los gobiernos deben actuar en beneficio de los ciudadanos. Rousseau, en El Contrato Social (1762), profundizó en esta idea, afirmando que la soberanía es la expresión de la voluntad general del pueblo.

Con la Revolución Francesa (1789), el concepto de soberanía popular se consolidó como un principio fundamental de los estados modernos. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamó que «el principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación«. Este principio influyó en las luchas independentistas de América Latina, incluida la de México.

La Soberanía en México

En México, la idea de soberanía tomó forma durante la lucha por la independencia (1810-1821). Los líderes insurgentes, como Miguel Hidalgo y José María Morelos, abogaron por la autodeterminación y la creación de un Estado libre de dominación extranjera. Tras la independencia, la soberanía se convirtió en un pilar de la identidad nacional, reflejado en la Constitución de 1824, que estableció una república federal y soberana.

Sin embargo, la soberanía de México fue puesta a prueba en múltiples ocasiones durante el siglo XIX. La invasión estadounidense (1846-1848) y la pérdida de más de la mitad del territorio nacional fueron un duro golpe para la soberanía mexicana. Posteriormente, la intervención francesa y el establecimiento del Segundo Imperio Mexicano (1862-1867) representaron otro desafío, aunque la resistencia liderada por Benito Juárez reafirmó la independencia del país.

En el siglo XX, la Revolución Mexicana (1910-1920) consolidó la soberanía como un principio central de la identidad nacional. La Constitución de 1917, aún vigente, estableció la soberanía popular y el control de los recursos naturales como derechos inalienables. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), la expropiación petrolera de 1938 se convirtió en un símbolo de la defensa de la soberanía frente a intereses extranjeros.

México frente a las Bravuconadas de ayer y de hoy de Donald Trump

Durante la primera presidencia de Donald Trump (2017-2021), México enfrentó una nueva prueba de su soberanía. Trump, conocido por su enfoque nacionalista y su estilo de negociación basado en la intimidación, dirigió numerosas críticas hacia México. Desde calificar a los mexicanos como «violadores» y «criminales» hasta amenazar con construir un muro en la frontera y hacer que México lo pagara, sus declaraciones fueron percibidas como bravuconadas que buscaban minar la confianza y la estabilidad de su vecino del sur. Además, presionó al gobierno mexicano en temas como la migración, el comercio y la seguridad, utilizando un tono amenazante y medidas unilaterales, como la imposición de aranceles.

Frente a estas provocaciones, México respondió con una combinación de diplomacia firme y estrategia pragmática. El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y, posteriormente, el de Andrés Manuel López Obrador, mantuvieron una postura serena pero decidida, evitando caer en la trampa de la confrontación directa. En lugar de responder con insultos o medidas impulsivas, México optó por defender sus intereses a través de canales diplomáticos y legales, demostrando que la soberanía no se ejerce con bravatas, sino con acciones concretas y bien fundamentadas.

Un ejemplo claro de esto fue la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que Trump buscó modificar bajo la premisa de que era «el peor acuerdo comercial de la historia». México, junto con Canadá, logró mantener una posición unificada y defendió sus intereses económicos, lo que resultó en la firma del nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este acuerdo no solo preservó las relaciones comerciales, sino que también demostró que México es un actor serio y confiable en el ámbito internacional.

En el tema migratorio, México también supo manejar las presiones de Trump sin ceder en lo esencial. Aunque el gobierno aceptó ciertas medidas, como el despliegue de la Guardia Nacional para contener los flujos migratorios, lo hizo bajo un enfoque de responsabilidad compartida y no como una sumisión a las demandas estadounidenses. Además, México reforzó su papel como mediador en la región, promoviendo el desarrollo económico y social de Centroamérica como una solución de fondo al fenómeno migratorio.

La soberanía de México no solo se defendió en el ámbito diplomático, sino también en el plano simbólico y cultural. Frente a las descalificaciones de Trump, los mexicanos respondieron con orgullo y unidad, reafirmando su identidad y su dignidad como nación. La frase «No nos van a humillar», pronunciada por el presidente López Obrador, resonó como un recordatorio de que México no está dispuesto a aceptar tratos injustos ni a renunciar a su soberanía.

En su segundo mandato y a un mes de haberlo iniciado, Trump se ha manifestado más agresivo en un nacionalismo y proteccionismo mercantilista que lo enfrenta a muchas naciones y particularmente con el grupo integrado en los BRICS y de manera directa con Canadá y México. Su política arancelaria y su campaña de deportación de migrantes ilegales o en el caso extremo de gente nacida en los Estados Unidos, que viola principios internacionales y de su propia Constitución sobre la adquisición de la nacionalidad, lo muestran como un autócrata de corte fascista, capaz de utilizar la fuerza y no el Derecho Internacional para resolver los conflictos que su país tiene y el último caso de llamar unilateralmente “terroristas” a la delincuencia organizada en materia de narcotráfico, tráfico de personas y lavado de dinero, que se percibe como la posibilidad de una incursión de sus fuerzas especiales a México, violando su soberanía, para atrapar o enfrentarlos, viene a empeorar la relación bilateral, máxime cuando es información oficial que el 74% de las armas que se introducen ilegalmente a México son de los EU y que esos “terroristas” utilizan para cometer sus delitos; es decir: los narcotraficantes están armados por los propios estadounidenses.

En México, las fuerzas conservadoras de derecha y antinacionalistas (PAN y PRI); presionan de diversas maneras para que la administración de Trump quiebre la fortaleza del Gobierno de Claudia Sheinbaum y su proyecto del Segundo Piso de la 4T; que en síntesis es consolidar las políticas públicas que redistribuyen la riqueza bajo el principio social de que por el bien de todos primero deben estar los pobres; acabar con la corrupción y la impunidad reconstruyendo el Poder Judicial y creando un sistema nacional de Seguridad, que lejos de  la fuerza bruta utilice sistemas de inteligencia y que se ataquen los problemas de raíz que generan actos delincuenciales. Estas fuerzas políticas, son percibidas, por amplios sectores de la población como “traidoras” al pueblo de México.

Esta semana, frente a las amenazas de Trump y los escarceos de una derecha antinacionalista, la presidenta Sheinbaum, ha mandado al Congreso de la Unión una Iniciativa de Reforma Constitucional para modificar los artículos 19 y 40, con el fin de consolidar el concepto de Soberanía.

Al Artículo 19 aparte de definir el procedimiento para que el Ministerio Público y el Poder Judicial arme carpetas de investigación y garantice el debido proceso a los indiciados, se agrega los siguiente:

“A cualquier nacional o extranjero involucrado en la fabricación, distribución, enajenación, traslado o internación al territorio nacional de manera ilícita de armas, y a cualquier extranjero que realice actividades al margen de la ley vinculadas con los párrafos segundo y tercero del artículo 40 de esta Constitución, se le impondrá la pena más severa posible, así como la medida cautelar de prisión preventiva oficiosa”.

Reforma que da pie a denunciar a los fabricantes de armas en EU, que por acción u omisión, está armando a los narcos.

En el Artículo 40 se agrega:

 En el primer párrafo: “El pueblo de México, bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero que sea lesivo de la integridad, independencia y soberanía de la Nación, tales como golpes de Estado, injerencia en elecciones o la violación del territorio mexicano sea esta por tierra, agua, mar o espacio aéreo”.

Y en el Segundo párrafo: “Tampoco consentirá intervención en investigación y persecución alguna sin la autorización y colaboración expresa del Estado Mexicano en el marco de las leyes aplicables”.

Reformas que vienen a consolidar la defensa de la Soberanía Nacional de manera concreta ante actos delincuenciales a título personal o de supuestas organizaciones policiacas e incluso Estados Nacionales.

 Conclusión

Las bravuconadas de Donald Trump están poniendo a prueba la Soberanía de México, por su parte la Presidenta Claudia Sheinbaum, con un respaldo histórico del Pueblo de México, está demostrando la suficiente fortaleza en la defensa de las mexicanas y mexicanos, pues frente a la retórica agresiva y las presiones unilaterales, ha sabido mantener la calma, defender nuestros intereses y reafirmarnos como una nación soberana y respetada en el escenario internacional. Este episodio deja una lección clara: la verdadera soberanía no se mide por la capacidad de gritar más fuerte, sino por la habilidad de actuar con inteligencia, dignidad y firmeza. La historia del concepto de soberanía, desde Bodin hasta la actualidad, nos recuerda que este principio es un pilar fundamental de la identidad y la independencia de las naciones, y México ha sabido honrarlo a lo largo de su historia, pero más hoy, con la primera Presidenta del país: Claudia Sheinbaum Pardo.

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