El laberinto de MORENA

Los partidos políticos se identifican por una fundamental declaración de principios, una línea política y sus estatutos; tienden de manera natural a crear modelos organizativos jerarquizados, donde idealmente deben de estar los mejores, una especie de vanguardia preclara que no solamente son leales a sus documentos, sino que son el ejemplo vivo de la ética política de ese partido. Si son de izquierda podemos poner tres ejemplos: Lenin, Mao Zedong  y Ho Chi Minh para quienes el partido es una herramienta de lucha del pueblo trabajador organizado en contra de las organizaciones de la burguesía y cuyo fin es la destrucción del Estado burgués y la construcción de un Estado Socialista; por parte de la derecha también hay ejemplos fuertes: Hitler; Mussolini y Franco; para quienes también el partido era su mejor herramienta y su fin era fortalecer el Estado a favor de las clases superiores, obviamente la burguesía, pero también con conceptos de raza superior y de élites sociales.

Al caso MORENA no es aún un partido, sino un fuerte movimiento popular cuya meta es una profunda democratización del Estado Capitalista y en su caso la implementación de políticas públicas de gran calado social (aumento salarial, becas, pensiones, mejoramiento de los servicios que presta el Estado, etcétera).

Mientras que en los primeros la “militancia” y su desempeño distingue a sus miembros; en los segundos, lo es la “popularidad” creada por diversos mecanismos, incluida la mala fama, pero fama al fin, así como cierto poder económico que permea en un mercado de candidaturas a puestos de elección.

No lo inventamos nosotros es la herencia colonial de México que cimienta una conciencia colectiva de patrimonialismo y “uso y abuso” del poder; casi todos ubican el mantra: ¡No me den, pónganme donde hay! Y de ahí hasta los grandes negocios como el FOBAPROA, el desmantelamiento de PEMEX, CFE; IMSS y todas las instituciones creadas en décadas pasadas y rematadas en el mercado neoliberal.

A ninguna mujer u hombre lo llena de bochorno haber militado en el PRIANprd, haberse robado parte del erario y hacer fortuna indebida y en el mayor oportunismo, ufano de sus fechorías: ¡Afiliarse a MORENA! ¿Por qué sucede esto en el partido?

Bueno, primeo la parte orgánica: porque MORENA no es un partido y como movimiento social, todo el que llega es bienvenido, sin importar el historial delictivo o antiético; así sean de derecha o peor aún: delincuentes dizque de izquierda y, segundo la parte socioeconómica: el capitalismo tardío y las inercias del colonialismo hizo que los cargos “gubernamentales” se vieran como una verdadera empresa privada; muy pocos negocios privados son capaces de vivir exclusivamente del “mercado”; por lo común el gran cliente es el gobierno y lograr contratos con él, es garantía de éxito mercantil, pero si además, si se cierra el círculo perverso de la corrupción: al gobierno le puedes vender lo malo, lo feo, lo mal hecho o de plano, cobras y no le entregas nada o mejor aún: te autoasignas un “sueldazo” que ningún mercader o industrial gana, en el cargo que acabas de ganar de manera fraudulenta, o lo compras en el mercado negro de la corrupción o te lo otorga tu papá o mamá. Esta parte socioeconómica es la que más molesta actualmente a la ciudadanía y particularmente a la militancia de MORENA, pero que dado el caso y si le toca a alguien ese raro “beneficio”: vuelve a cerrar los ojos.

En la lógica de mercado esto es racional, sin embargo, es antiético y realmente contradictorio, porque si el fin de MORENA es el combate a la corrupción y disminuir las diferencias abismales entres las clases apoyando más a los más pobres; la permanencia de las viejas formas de hacer política por parte de los ciudadanos, da como resultado que sigan los más ricos y políticamente acomodados usufructuando el poder del Estado y haciendo negocios turbios a favor de sus familias.

Pocos pueden decir que la familia Yunes y hablo tanto de los que militan en el PRI, como en el PAN y ahora en MORENA, no son una familia económicamente exitosa: tienen cargos públicos de salarios onerosos y tienen negocios florecientes, donde el gobierno es su mejor cliente. Si se puede decir que no tienen una ideología realmente social, de responsabilidad y honradez administrativa, ni mucho menos de conciencia del “bien común”; su mayor bien es acrecentar sus fortunas familiares y siendo hábiles mercaderes en el mercado vivo y creciente de la política: juegan a ganar ganar, sin importar que caigan atrás de ellos, miles o millones de ciudadanos que son desechados por el sistema capitalista… como verán, este análisis se puede aplicar a otras “marcas familiares”, de tal modo que tendremos los mismos resultados al ampliarlo al PRI, PAN, PRD, PT, MC, PVEM o los evangelistas, es decir: del proceso de formación de una ciudadanía auténticamente política cuyas raíces están en la Colonia y el Corporativismo del siglo pasado, ninguno se escapa.

Por hoy MORENA está atrapado en el viejo laberinto del nepotismo, el patrimonialismo y la corrupción… algo que, de manera contrastante, no tiene la misma incidencia en la administración pública federal con Claudia como Presidenta, no porque no haya esos yerros, sino porque sus actos y su narrativa es consistente en atacar la corrupción y exigir la eficacia y eficiencia en la implementación de sus políticas públicas de mayor impacto social. Fenómeno que genera una especie de vasos comunicantes, donde se trasvasan los ciudadanos entre una estructura y otra, al grado de imitar o casi reproducir el viejo “corporativismo” del siglo pasado, es decir, el trabajador de la dependencia o el beneficiario de un programa social ve como “necesario” estar con MORENA aunque no conozca su ideología, Programa, Estatutos o por lo menos la Cartilla Moral; para muchos el pensamiento económico es simple: ¡Estar con MORENA deja! En otros casos más ilegales: al trabajador se le obliga a militar o asistir “alegre” a los mítines del partido.

El tiempo no juega a favor de MORENA como un partido de Izquierda; se achica en la medida en que “las familias” compran y regatean los cargos más representativos cuyas ganancias salariales o conectes mercantiles les dejan una gran plusvalía; no es vana la crítica de que su destino, así como va, es remedar al peor PRI; pero como siempre, a lo largo de la historia, desde las bases del pueblo, en este caso de la militancia morenista emergerá un movimiento “renovador” que exija (contradictorio) el retorno a sus orígenes; es decir romper el laberinto desde adentro para dar paso a una organización política de fuerte identidad ideológica en su programa de gobierno y sus estatutos; realmente disciplinada y respetuosa de los méritos reales y no comprados de cada uno de los militantes mercaderes de la política.

Deja un comentario